UNA ISLA DE IMÁGENES
(en proceso)


aviso

Existe una isla en el Océano Atlántico donde las plantas,  los animales, las piedras, los minerales, sus aguas puras, sus flores y su aire fresco, conviven con el ser humano, en libertad. También la rumean los fantasmas. Insisten en aparecer, como la memoria lo hace.

Cada una de estas partes habla su propio lenguaje. Parecen decir y hacer una cosa, pero siempre es otra la que acontece. Todo en esta isla se confunde y es otra cosa. Para los hombres, por ejemplo, los peces se mueven o burbujean en el agua. En realidad se cuentan secretos o conversan sobre la existencia, ensayando posibles explicaciónes.

El texto que se presenta a continuación es un recapitulación sobre estas conversaciones elementales; partes que creí comprender. Hay documentadas también, algunas otras curiosidades de esta isla que está en el Océano Atlántico, adentro del lenguaje y en el centro de la imaginación.

Ahora, personaje que lee, la isla es tuya también.

Si optas por continuar, carga esta advertencia: al leer estas palabras condenas al texto a su repetición y todo aquello reiterado, deja de existir como solo una cosa.

Cada uno de nuestros suspiros, cada imagen y cada acontecimientos en esta isla,  cuando se repite, se pierde.

Y aquello perdido, insiste en volver a aparecer.

koiversaciones i

En la isla había un lago rodeado por palmeras. Un día cubierto de nubes anduve por allí. Ese fenómeno producía una iluminación sin matices, era una luz pareja la que asombraba el agua del lago. Casi no había viento. Se sentía la lentitud en el aire.

La imagen parecía detenida.

-¡Pero no lo está! – exclamó un pez Koi gordo que flotaba en el lago.

-¿Cómo? – preguntó otro de los peces, uno naranja, que andaba merodeando por ahí.

-Que la imagen parece detenida, pero no lo está. Nunca lo está –dijo el primer pez Koi, el gordo. 

El lago estaba plagado de peces Koi. Algunos se movían como una gran mancha caprichosa que parecía responder al azar. Otros como el naranja y el gordo se paseaban de manera independiente. La fuerza del cardumen parecía no arrastrarlos: estos dos peces eran ajenos al movimiento del grupo.

El pez naranja continuó con su discuro. 

- Es igual que la Internet. Parece que no se mueve, pero en realidad está escondida bajo el agua. Son muchos cables que están en el fondo de los océanos, parpadeando y mandando información, todo el tiempo. El cable más largo se llama FLAG y tiene 28.000 kilómetros, es casi en su totalidad submarino y conecta el Reino Unido, Japón, India y muchos lugares en el medio. Esos cables llevan pulsaciones de luz, de lado a lado, y nunca se detienen. Ahí viajan nuestra información y nuestars historias.

-¡Una biblioteca hundida! – gritó el otro pez Koi, que empezaba a entender.

-Exacto. Una biblioteca de luces. Un espectáculo que brilla ciego en lo profundo del mar.

El agua del lago en donde estaban los peces parecía negra y los Koi se destacaban con sus colores y sus agraciados movimientos. 

La tarde cayó en la isla y con ella vino la noche. En el cielo las estrellas parpadeaban, como pulsos, cargando información de otro tiempo. 


una ¿lista? de las palmeras que hay en la isla para que las busquen en google

Una palmera se erigía recta, única y con un cielo basto detrás. Esta era una palmera alta, de tronco fino, con la copa cargada en su medida justa: una palmera perfecta. Con una voz plana y con un leve ruido a viento que la hacía bailar, la palmera dijo:


-Aquí todas las palmeras que hay en la isla, para que las busquen en Google.

Abies nordmanniana
Acer campbellii ssp. campbellii
Acer davidii
Acer griseum
Acer henryi
Acer japonicum 'Aconitifolium'
Acer mandshuricum
Acer negundo 'Argenteovariegatum'
Acer negundo 'Flamingo'
Acer negundo 'Kelly’s Gold'
Acer palmatum
Acer palmatum 'Asahi Zuru'
Acer palmatum 'Atropurpureum'
Acer palmatum 'Burgundy Lace'
Acer palmatum 'Butterfly'
Acer palmatum 'Dissectum'
Acer palmatum 'Dissectum Atropurpureum'
Acer palmatum 'Garnet'
Acer palmatum 'Osakazuki'
Acer palmatum 'Seiryu'
Acer palmatum 'Senkaki'
Acer palmatum 'Shigitatsu Sawa'
Acer palmatum 'Shishigashira'
Acer palmatum 'Trompenburg'
Acer platanoides 'Crimson King'
Acer pseudoplatanus
Acer shirasawanum 'Aureum'
Aesculus pavia
Agathis robusta
Aleurites moluccana
Araucaria araucana
Araucaria bidwillii
Araucaria columnaris
Arbutus unedo
Castanea sativa
Cedrus atlantica 'Glauca Pendula'
Cedrus deodara
Cercidiphyllum japonicum
Cercis siliquastrum
Chamaecyparis lawsoniana 'Wisselii'
Chorisia speciosa
Cladrastis kentukea
Clethra arborea
Cordyline australis
Cornus controversa
Corymbia ficifolia
Cryptomeria japonica
Cryptomeria japonica 'Cristata'
Cunninghamia lanceolata
Cupressus cashmeriana
Diploglottis cunninghamii
Dracaena draco
Embothrium coccineum
Erythrina crista-galli
Eucalyptus globulus
Eugenia myrtifolia
Fagus orientalis
Fagus sylvatica
Fagus sylvatica 'Purpurea'
Ficus benjamina 'Starlight'
Ginkgo biloba
Halesia carolina
Halleria lucida
Juglans nigra
Liquidambar styraciflua
Liriodendron tulipifera
Luma apiculata
Magnolia denudata
Magnolia denudata 'Yellow River'
Magnolia grandiflora
Magnolia kobus
Magnolia liliflora
Magnolia 'Sunburst'
Magnolia x soulangeana 'Brozzonii'
Magnolia x soulangeana 'Burgundy'
Magnolia x soulangeana 'Lennei'
Magnolia x soulangeana 'Rustica rubra'
Melaleuca leucadendron
Melaleuca linariifolia
Metasequoia glyptostroboides
Metrosideros excelsa
Metrosideros excelsus 'Aureus'
Metrosideros kermadecensis 'Variegata'
Metrosideros robusta
Metrosideros 'Thomasii'
Nyssa sylvatica
Ocotea foetens
Oxydendrum arboreum
Pandanus utilis
Paulownia tomentosa
Phyllarthron madagascariense
Picea pungens 'Niemetz'
Pittosporum eugenioides
Pittosporum eugenioides 'Variegatum'
Pittosporum tenuifolium 'James Stirling'
Pittosporum undulatum
Platanus orientalis
Platanus x hispanica
Podocarpus macrophyllus
Polyspora axillaris
Populus nigra
Prunus cerasifera 'Pissardii'
Pseudolarix amabilis
Psidium cattleianum
Quercus coccinea
Quercus ilex
Quercus imbricaria
Quercus palustris
Quercus phellos
Quercus robur
Quercus suber
Quercus x turneri
Rhododendro arboreum
Sequoia sempervirens
Stewartia pseudocamellia
Stewartia sinensis
Styrax obassia
Syzygium jambos
Taxodium ascendens
Taxodium distichum
Tilia cordata
Ulmus procera
Wollemia nobilis


La palmera terminó con su discurso y el viento se detuvo. Al segundo, se oyó un arbusto que comenzó recitar su propia lista de arbustos, y así todas las especies le continúaron.

La pregunta que hallé en esta consecuencia de acciones fue la siguiente:

¿Eran estos discursos grandes progresiones o todo sucedía de manera simultánea y yo las percibía como listas porque aún era un esclavo del texto y su condena secuencial?


la tumba

En la isla había un mausoleo con 7 columnas numeradas. Cada una tenia en su parte superior, inscripto en blanco (vaya a saber por quién), un número. En el centro perfecto del mausoleo uno hallaba la estructura rectangular, cubierta con verdín. Era una lápida de piedra que emergía del suelo y escribía en volumen las siguientes letras: J.P.G. En ese momento, al ver la piedra y su mensaje tallado, pensé: este texto se repite por siempre.
 
Era un texto muerto que anunciaba la muerte de una imagen.  Eso es lo que yo podía ver.

Para las piedras de alrededor, sin embargo, aquella inscripción era pura vida. Un suspiro en su escala del tiempo. Otra piedra más marcada, que sucedía, para luego someterse a cualquier otra inscripción. Para las piedras de alrededor esa piedra estaba viva de cambio. 



una mujer le habla a dos soles

En uno de los riscos, en el extremo sur de la isla, se encontraba una mujer que contemplaba el horizonte. Sus cabellos negros flotaban con el viento. El amanecer se proyectaba en el fondo del horizonte, con un sol anaranjado y gigante que se estiraba sobre el océano calmo.

-¡Oh! Astro solar. Astro específico de luz, abriga mis pensamientos con tu calor. Guía mis maneras y mis textos interiores. Dadme tu luz, profética, esférica e insaciable. Ayúdame a entender mis cavilaciones, mis dudas. – dijo la mujer, con una mano en el aire en forma de bandeja. Ofrecía su palma al sol mientras este, involuntariamente, se apoyaba sobre su mano.

El sol permaneció en silencio.

La mujer tomó de su cartera un teléfono celular y abrió la cámara de fotos en él para registrar la vista. La mano que antes sostenía, desde el punto de vista de ella, a un pequeño sol (que en realidad era gigante), ahora sostenía un teléfono, con la pantalla encendida mientras grababa un video. En él se podía apreciar otro sol.

-¡Oh! Astro duplicado, tú también puedes iluminar. Tú también eres una esfera: otra que cabe en la palma de mi mano. Tienes, como el otro sol, superficie y en ella hay respuestas también. Entonces, a ti te pregunto esta vez: ¿Cuánto en ti hay de ese sol que está en el cielo?- dijo la mujer, mientras miraba el video.

El sol del video también permaneció en silencio.
-Soles, les suplico a ambos. ¡Qué alguna luz me responda! – continuó, ahora con un tono que sonaba desesperado, y al hacerlocerro sus ojos y colocó una mano en su frente.

Adentro de sus ojos vió dos esferas blancas. Era la imagen de ambos soles que se habían impregnado en su retina.


-¡Más soles! – pensó la mujer y comenzó a parpadear como una demente para multiplicarlos.

koiversación ii

-I like this – dijo el pez naranja en ingles mientras señalaba con su trompa una mosquita muerta que flotaba en la superficie del lago, y luego, blum, la succionó.

-I, like this – le contestó el pez gordo, mientras señalaba su reflejo ondulado en la parte superior del lago.

-I, like that – agregó el Koi naranja, mientras señalaba con su trompa al Koi gordo.

-I like that – respondió el gordo.

-I like I – dijo el pez naranja.

-I, like I. – afirmo el otro.

En el lago había confusión y continuidad, y los peces giraban. 

(Variante posible: la mujer de los soles se asoma al lago y le dice a su reflejo – I like this. I like this. Así en repetido, hasta su muerte, que es acaso, con nacer, el único acto que hacemos una sola vez).
koiversación iii

-Rozo una piedra y dejo una parte de mi en ella – dijo el pez naranja al otro Koi en el lago - Aunque no lo notemos, dejamos una marca en todo lo que tocamos. Un pedazo ínfimo de nosotros. Nuestros átomos, nuestra piel, nuestra grasa, algo siempre dejamos en lo que tocamos ¡Pero esto no pasa con lo que pensamos! ¿Entendes? – exclamó ya un poco exaltado – Podemos pensar el mundo y no modificarlo. Es el egoismo total. Pensamos en algo, y si no tocamos esa idea, solo cambiamos nosotros. 

El Koi gordo lo miró por unos segundos y después lo devoró de un solo bocado. Luego eructó, haciendo un campo de burbujas en el agua y dijo:

-Nosotros somos el mundo.
el jardín del error

Había en la isla un jardín secreto donde todas las cosas fallaban. La entrada del jardín era como un umbral tallado en un muro verde y enredado. Ancho, como de unos cincuenta centímetros de profundidad, el muro se erigía, solamente hecho de ramas y hojas, y aunque parecía construido por manos humanas, estas nada tenían que ver con él. Su umbral tallado era tan perfecto que cualquiera desconfiaría de su forma.

En este jardín los días a veces duraban minutos. Hacían plin y caían. Algunas gallinas no tenían patas y otras se estiraban tanto que parecían serpientes. Escuché la historia de una mujer que una vez entró al jardín también, como yo. Con cada movimiento de sus manos dejaba restos de sus dedos detrás de ellos, como sí pintara con sus huellas sobre los pedazos de aire. Creo recordar que su nombre era Faustina.

El jardín también tenía un arroyo al que antiguos poetas han dedicado varios versos. Uno de ellos reza:

Arroyo equivocado
Te comes en cada bocado,
un poco de realidad

Otro, mas antiguo aún, dice:

HHHasaxethhssnv
juuiwuuul vvii jjjiukmm, mmsasx,
Aeitugjapos , edamcmm, cemasccsa,
Jjaosjnveovne ansenvua ascekñvaaeeee

Nadie ha podido descifrarlo todavía. Al menos no he hallado ninguna fuente que afirme entender estas extrañas palabras. No se sabe si es un canto hermoso o una deformación producto del azar, como el mismo jardín.

En partes del lugar se encontraban cuadrados de tierra que faltaban, como pequeñas entradas que parecían fracasar, porque se interrumpían de golpe. En otras partes, los rectángulos (que antes eran una falta), ahora estaban apilados, como ladrillos que esperaban construir algo. Había también una fuente que llamó mi atención. Borboteaba agua de manera constante. El agua brotaba de la punta de la fuente y cada tanto salía un pez de ella. En el lapso de unos minutos todo volvía a suceder. Aunque cada vez, el pez que salía de la fuente era de distinto color. Pasé un día entero en el jardín (pero no sé si fue uno de esos días fracasados que se iban más rápido o más lento, porque como todo fallaba en el jardín, uno no podía notar los errores). No pude entonces atestiguar si en algún momento, el loop de la fuente, aunque fuera larguísimo, eventualmente se reiniciaba y alguno de todos los peces que brotaban de allí aparecia por segunda vez. Al caer la noche huí del jardín aterrado. Por miedo a perderme, nunca más lo volví a encontrar. Lo único que me quedó de aquel encuentro fue la certeza de un hecho, el incierto brotar de una fuente, y su desecho, el recuerdo.

Y es exactamente allí, en el recuerdo, donde tiempo después por fin pude descifrar el ciclo de la fuente. Porque lo que vi aquella tarde fortuita en la que encontré el jardín, quedó grabado en mi memoria, y cada vez que esa fuente vuelve a mi, puedo certificar los mismos peces, girando y brotando de ella. Ellos vuelven a aparecer, saltando entre recuerdo y recuerdo. Y así sé que la fuente tiene principio y fin, aunque continúa. No lo vi con mis ojos. Lo veo en el jardín que hay en mi memoria. Y este no es un jardín equivocado. No puede serlo.

los fantasmas

Los fantasmas rumiaban la isla. Ya les advertí de ellos. Eran fantasmas de las invenciones técnicas. Restos de formas fabricadas con distintas tecnologías, y que por eso, a pesar de parecer similares, no podían entenderse entre si. Venían de distintas dimensiones. Era tan triste verles. Unos arriba de otros, como una gran fosa de muertos que no pueden tocarse ni verse jamás. Apilados y obsoletos, se rehusaban a partir.

Parecían querer insistir en su primera función: respetar el programa dado. Querían estar vivos o atentos, querían ser funcionales, pero eran fantasmas de la invención técnica.

Entre todos ellos, había un fantasma joven, que creía (me lo susurro una noche y temblé de miedo) que en la isla había mas fantasmas que otras cosas. Esto confirmaría lo que muchos historiadores que han escrito sobre este lugar sospechan: la isla es un gran Museo de sí misma y nosotros también somos parte de ella.

un mito

Bebiendo en la cantina del pueblo, escuché esta historia. La conversaron dos viejos. Dice así: 

Un dia, Dios, aburrido en su eternidad imaginaria, decidió que todas las piedras de la isla se conviertan en animales, que todos los hombres se conviertan en piedras y que todos los animales se conviertan en hombres. Entonces y de repente sobre la isla hubo aproximadamente 60.000 piedras, incontables animales y muchos hombres.

Los que entonces fueron nuevos hombres,  se seguían recordando a sí mismos, al igual que los hombres de antes, como otra cosa. No estaban cómodos en su piel. 
Otro día mas adelante, el mismo Dios, ya aburrido de su último experimento, decidió que las piedras volverían a ser hombre, que los hombres pasarían a ser animales y que los animales serían dioses. El a cambio, se convertiría en todas las piedras.

Así, creen en la isla, es como se fundó la Historia.