El hueso más alto de la columna vertebral se llama atlas. Esta vértebra pequeña toma su nombre del mito griego del Atlante, el titán que fue condenado a sostener en sus hombros el peso del cielo y del mundo. En el orden del cuerpo humano, el hueso atlas sostiene a nuestra cabeza, o sea, nuestro propio mundo. Habitamos ese lugar en privado y lo desconocemos profundamente. Todo eso que no sabemos, permite el misterio, el cual, por gracia de engranajes culturales que desconozco, podemos, de alguna manera, compartir. Es decir que contamos con la intrigante capacidad de poder dar a otrxs lo que sabemos, y lo que no sabemos también. Lo hacemos al hablar y está en nuestros gestos. Lo hacemos amando y dudando. Lo hacemos construyendo imágenes y textos. Lo hacemos leyendo también.

Al sostener un libro, nuestras manos son atlánticas, porque sostienen un mundo, frecuentemente ajeno. Se da este caso incluso cuando el propio autor sostiene su propio texto. Arthur Rimbaud celebró esta capacidad cuando sentenció la irrefutable condición de otredad que maldice a toda inscripción y recepción: yo es otro dijo y luego se fue, a ser otro en efecto. Es así que un libro puede ser objeto y sujeto a la vez para cargar en él experiencias. Ese rectángulo de papeles impresos y atados permite el milagro.

Para Gonzalo Golpe, uno de los autores de Curso y discurso, al sostener un libro, este detenta su gravedad, y lo tomamos entonces como lo hacemos al sostener un bebé. Al recién nacido se lo aupa y lo primero que se le sostiene es el mundo, para que este no caiga y se derrumbe en el peso de lo real.

Curso y discurso lleva el peso de la libertad, es importante sostenerlo fuerte. No es una lección de cómo hacer libros, ni de cómo leerlos. Tampoco es texto ni ensayo visual. Es simplemente un libro, que molesta por su austeridad y precisión. Abundan en él los caprichos y suscita una belleza que yo no había encontrado hasta hoy en la reflexión sobre la práctica de interactuar con el (foto)libro. Curso y discurso es también un breve canto que tres autores idearon y han decidido compartir sobre lo que significa sentir un libro. Ricardo Baez, Alejandro Marote y Gonzalo Golpe han creído y creado ya muchos universos desde distintas disciplinas como lo son el diseño gráfico, la fotografía y la edición. En esta oportunidad editorial colisionan para construir un superplaneta.

Desde mi primera interacción con este libro, en sus tempranas versiones, sostuve que merecía existir. Sigo creyendo en ese extraño encantamiento de asignarle a algo el merecimiento de su existencia. De eso se trata publicar y por eso Curso y discurso existe: porque merece ser leído y sostenido. Creo que abrirá la posibilidad de mundo en todo aquél que cargue con sus 400 gramos de peso y sospecho que dará existencia a otros libros, no a modo de espejo, sino con la ilusión multiplicada de los espejismos. 

Me atrevo a imaginar que si el verdadero Atlas pudiera leer un libro mientras carga con el mundo (del fotolibro) en su espalda, elegiría este para aliviar su maldición o para comprometerse con ella.